Tengo 47 años y tres hijas.
Los últimos 26 años de mi vida han girado en torno a ellas: cuidarlas, llevarlas y traerlas, consolarlas, curarlas y proveerles lo necesario.

Hoy dos están por terminar la universidad y la mayor ya se va de casa para vivir con su pareja. Se va contenta. Agradecida. Y nos llevamos bien. Muy bien.

Y aunque eso me llena de orgullo, también me hace preguntarme:
¿qué viene ahora para mí?

Soy afortunada. Tengo un trabajo que me gusta y que me ha dado estabilidad. Pero atraviesa un momento incierto. No sé si el futuro cercano será continuidad o reinicio. Y aunque todo saliera bien, algo dentro de mí sabe que el cambio ya empezó.

No porque me falte algo.
Sino porque ahora tengo espacio.

Espacio para estructurarme distinto.
Para preguntarme qué quiero hacer con el tiempo que sigue.
Para hacer esa lista que todas deberíamos escribir antes de morir —y empezar a vivirla sin esperar permiso.

Tengo amigas atravesando sus propios cambios: familia, trabajo, espiritualidad, salud. Y me doy cuenta de que no estamos solas. Estamos en transición.

Quizá este espacio pueda ser eso:
una comunidad de mujeres que no se están apagando,
aunque el mundo todavía no note que están cambiando.

¿Qué está cambiando en ti aunque nadie más lo vea?


DIARIO


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *