Ayer supe de ti.
De tu vida nueva.
De la persona en la que te convertiste… alguien que ya no conozco.

Y no dolió.

Me descubrí sonriendo al imaginarte:
tu nuevo trabajo, tu familia, tu rutina…
esa vida que construiste desde cero.

Pensé que ese momento sería distinto.
Que iba a romperme un poco.
Que iba a llorar.
Que algo dentro de mí iba a temblar.

Pero no pasó.

Y entonces entendí algo que nadie te dice:
sanar no siempre se siente como una explosión…
a veces se siente como silencio.

Como calma.
Como un espacio limpio dentro de ti
donde antes había ruido.

Hoy puedo decir que estoy bien.
No porque olvidé,
sino porque ya no duele.

Y mientras tú construías tu nueva historia,
yo también construía la mía.

He viajado más de lo que imaginé.
Aprendí a nadar.
Aprendí a bailar.
Y, sobre todo, aprendí a vivir… sin miedo a ti.

Tal vez esto es cerrar un ciclo de verdad.
No cuando alguien se va,
sino cuando deja de doler su recuerdo.

Hoy no hay rencor.
No hay preguntas.
No hay pendientes.

Solo paz.

Y una certeza tranquila:
también yo empecé de nuevo.

lluvia de abril

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *